Víctimas del muro

Weiße Kreuze am Spreeufer
Imagen: Senatskanzlei

Entre 1961 y 1988, más de 100.000 ciudadanos de la RDA intentaron huir a través de la frontera interalemana o el Muro de Berlín. Más de 600 personas fueron abatidas a tiros por soldados fronterizos de la RDA o murieron de otra forma al intentar huir. Algunos de ellos murieron ahogados, sufrieron accidentes mortales o se suicidaron al ser descubiertos.

Entre 1961 y 1989, tan sólo en el Muro de Berlín perdieron la vida unas 140 personas o murieron en relación directa con el régimen fronterizo de la RDA: 100 fugitivos que intentaron superar las instalaciones fronterizas fueron abatidos a tiros, se suicidaron o murieron de otra forma; 30 personas tanto del Este como del Oeste fueron tiroteadas o murieron de otra forma a pesar de que no tenían intención de huir; 8 soldados fronterizos de la RDA en servicio fueron abatidos por desertores, camaradas, fugitivos o un policía de Berlín Este. Además, murieron unos 251 viajantes procedentes del Este y del Oeste al llevarse a cabo los controles en los pasos fronterizos de Berlín. Incontables son las personas que murieron de tristeza y desesperación por los efectos que tuvo para su vida la construcción del Muro.

Orden de disparar

El uso de armas de fuego en las fronteras externas de la RDA estaba regulado por leyes, ordenanzas y órdenes. Según una orden del Ministerio de Defensa de la RDA de octubre de 1961, se podía hacer uso de las armas de fuego “para detener a personas que no acatasen las órdenes de los guardias fronterizos que se habían identificado como tales, es decir que no se detuviesen tras los avisos verbales o los disparos de aviso de los guradias, sino que claramente intentasen pasar la frontera de la RDA” y “cuando no existía otra alternativa para detener al fugitivo”.

No existía, bajo el punto de vista jurídico, ninguna orden de disparar a matar. Sin embargo, los elogios y gratificaciones para los soldados que habían disparado y matado a fugitivos en su huida, las influencias ideológicas de los jóvenes reclutas y soldados, así como leyes penales que definían intentos de huída bajo condiciones concretas como crímenes, conseguían que para los soldados fronterizos el “permiso” de usar armas de fuego, se convirtieses más bien en una obligación.

No fue hasta el 3 de abril de 1989, tras un comunicado del secretario general del SED, Erich Honecker, que las tropas fronterizas de la RDA recibieron la orden de no utilizar más “las armas de fuego” para “evitar violaciones de la frontera”.